PRENSA

Carta a lectores, semanario Busqueda (04.09.2008)

La vivencia de lo bello

Hace pocos días nos enteramos de que, según los últimos datos, las políticas públicas emprendidas para enfrentar la pobreza extrema no habrían dado los resultados esperados. La población en situación de pobreza o indigencia no ha podido salir adelante, a pesar de los múltiples esfuerzos realizados durante estos años. Ante esta situación, es bueno plantearse alternativas creativas, pensar las cosas de otra manera, y aprender de algunas experiencias que parecen exitosas.

Hoy quiero compartir con los lectores unas de esas experiencias, que tiene lugar en el barrio Casavalle, en el Centro de Apoyo al Desarrollo Integral. Este año comencé a frecuentarlo para colaborar en uno de sus proyectos. El edificio, ubicado en Cap. Tula y San Martín, es sencillo pero acogedor. Nada más traspasar el umbral, se respira un ambiente de limpieza, orden y alegría. Las aulas están pulcras, y los útiles de limpieza, muy a mano, para que las alumnas rápidamente ordenen el salón para las que vienen detrás. Allí cada uno, desde los bebés hasta los jóvenes o las abuelas, es conocido y llamado por su nombre, no es un número de una estadística, sino una persona singular, valiosa, a la que hay que ayudar a sacar lo mejor de si misma.

El primer día que fui, me chocó brutalmente ese ambiente del Centro, con la realidad del barrio: calles sin veredas, basura tirada por ahí, alcantarillas tapadas de bolsas de nailon, o de desperdicios, yuyos que son como árboles, y que nadie se preocupa de arrancar…Y pensé entonces en la importancia de vivir en un entorno bello, e lo educativo que resulta la percepción de la belleza. Quizá por ello es que en el proyecto que se lleva a cabo en el CADI para chicas mayores de 15 años, la “Vivencia del Arte” es un componente esencial: se busca formar a las alumnas a través de las artes plásticas y de la música, y los resultados parecen ser muy estimulantes. En efecto, la experiencia de la belleza, facilita el encuentro de la persona con la verdad y con el bien, como ya lo explicaba Platón. La belleza tiene mucho que ver con la celebración de la vida, con el amor por cada ser humano, como persona y como hijo de Dios. Y entonces comprendí lo formativo que resulta estar en un edificio armonioso, limpio, ordenado.

También me pregunté si la violencia, que tanto nos preocupa, no se origina en ese desprecio por la vida que resulta de un nulo contacto con lo bello. Indudablemente, nuestras autoridades se han preocupado mucho por asistir a los más pobres con salarios ciudadanos, o con alimentos, pero han perdido de vista que los hombres y las mujeres somos algo más que cuerpo, que necesitamos el alimento para el alma. Las personas que viven en esos lugares también tienen derecho a disfrutar de las cosas bellas. Por ello, creo que un acondicionamiento urbano “en serio”, con lugares de esparcimiento, calles bien iluminadas, veredas, arboles, seria más efectivo para erradicar la indigencia que el mero asistencialismo. Reflejaría un profundo respeto por los habitantes del barrio, un compromiso real con la tan pregonada equidad, y un eficaz estimulo para ser mejores personas”.

Bárbara Díaz

El Observador (17.06.2007)

Revista Galería, semanario Búsqueda (24.05.2007)



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